Metges de Catalunya (MC) ha celebrado este jueves una jornada de debate y reflexión para conmemorar el Día Internacional de las Mujeres. Bajo el lema Rebélate, el acto –organizado por el grupo feminista del sindicato– ha generado un espacio de reflexión intergeneracional sobre las experiencias de tres médicas a lo largo de sus respectivas trayectorias profesionales para analizar cómo afrontan las situaciones de desigualdad o discriminación en el ámbito sanitario.
La organización ha repetido el formato que impulsó el año pasado, y esta segunda edición ha superado las cifras de participación de la primera con cerca de una treintena de asistentes presenciales y más de 330 usuarios únicos conectados a lo largo de la retransmisión del acto a través de Instagram.
La periodista Laia Calaf ha sido lo encarga de conducir la jornada, que ha empezado con una breve bienvenida por parte de la psicóloga clínica, vicesecretaria de Finanzas de MC y coordinadora del área de Feminismos e Igualdad, Xelo Casado, que ha sido la encargada de contextualizar y presentar la campaña del 8M de este año.
En esta ocasión, el grupo feminista de MC ha invitado a tres facultativas de diferentes edades y ámbitos profesionales: Ana Ridao, residente de primer año de Medicina Familiar y Comunitaria en Barcelona; Elena Muñoz, especialista en cirugía pediátrica del Hospital Sant Joan de Déu de Esplugues; y Glòria Borràs, médica jubilada especialista en Obstetricia y Ginecología.
Las tres han compartido experiencias de discriminación y microagresiones cotidianas que ya se sufrían hace décadas y que todavía hoy continúan presenciándose, como el cuestionamiento de su autoridad, comentarios condescendientes o la presunción que el médico es el hombre presente en la consulta. Y es que, a pesar de los adelantos que se han conseguido en los últimos años, estas situaciones todavía forman parte de la realidad de la gran mayoría de las médicas.
Borràs entró en la facultad el 1974, donde la práctica ausencia de profesoras y las pocas mujeres estudiantes de Medicina ya le causó un gran impacto. “Durante la especialidad, sentía que debía demostrar constantemente mi valía porque no se fiaban de mi palabra y tuve que soportar comentarios paternalistas constantes, los cuales nunca hacían a mis compañeros hombres”, ha subrayado.
“¿Me operará usted?”, es una pregunta que a Muñoz le hacen bastante a menudo algunos pacientes, y trabajar en una especialidad tradicionalmente masculina también le ha comportado tener que escuchar comentarios machistas de sus compañeros durante las cirugías, como “no lo haces tan mal”. Asimismo, ha denunciado los comentarios sobre el aspecto físico –“como eres guapa te miraré con buenos ojos”–, los cuales nunca se dirigen a un hombre.
Y es que a pesar de la feminización de la Medicina y los adelantos en términos de igualdad que se han ido produciendo en los últimos años, Ridao ha confirmado que todavía hoy se trata de “niña” a las médicas: “Es muy frustrante que den por hecho que el médico es mi compañero y que ignoren mi opinión hasta que un doctor expresa exactamente la misma idea”. En este aspecto, las tres coinciden que lo más importante para frenar estos comportamientos es poner límites y rectificar siempre ante cualquier confusión de este tipo.
La mesa también ha puesto de manifiesto las barreras estructurales que persisten dentro del sistema sanitario, como las dificultades de conciliación, la falta de mujeres en cargos de liderazgo o las desigualdades en las oportunidades de promoción profesional. En este sentido, se ha destacado que, a pesar de que cada vez hay más médicas que médicos, los espacios de poder continúan mayoritariamente ocupados por hombres.
Otro bloque importante del debate ha sido la dificultad de conciliar la vida profesional con la personal en una profesión tan exigente como la medicina. Las participantes han puesto de manifiesto que, pese a los avances en derechos laborales, la carga de los cuidados continúa recayendo mayoritariamente sobre las mujeres, obligándolas a asumir renuncias personales o profesionales. Borràs ha explicado que tuvo que decidir no tener hijos y que, más adelante, acabó dejando la sanidad pública para poder cuidar de sus padres dependientes. Un sacrificio que, según ha señalado, raramente se plantean sus compañeros hombres y que evidencia que la desigualdad también se manifiesta fuera del entorno estrictamente laboral.

La jornada también ha contado con dos abogadas y socias del Colectivo AiDE, Mireia Montesinos y Eugènia Prados, que han aportado la perspectiva jurídica. Después de explicar las diferencias entre discriminaciones directas e indirectas y analizar algunos de los obstáculos legales que todavía dificultan la plena igualdad laboral, han alertado del riesgo que determinados derechos de conciliación acaben perpetuando los roles de género si continúan siendo utilizados mayoritariamente por mujeres.
Precisamente, uno de los conceptos centrales de la jornada ha sido la necesidad de “rebelarse” ante estas situaciones, tanto a nivel individual como colectivo. Las ponentes han coincidido a destacar la importancia de compartir las experiencias y construir redes de apoyo entre profesionales para hacer frente a las desigualdades, puesto que “tomar conciencia de que no estamos solas ni somos las únicas que sufrimos discriminaciones nos hace ganar fuerza”.
La jornada ha concluido con una reflexión sobre el coste que tiene rebelarse para las mujeres y con un llamamiento a la acción colectiva para transformar el sistema sanitario y avanzar hacia una igualdad real, remarcando el papel de MC y de la acción sindical como herramientas clave para canalizar las reivindicaciones e impulsar cambios estructurales dentro del sector.